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Queso Burrata Artesanal

Mozzarella hilada rellena de stracciatella: el queso que se derrama.

La burrata nació en Puglia como una forma de aprovechar los recortes de la mozzarella: se hilaba una lámina fina, se rellenaba con las hebras sobrantes bañadas en nata y se cerraba en una bolsita atada por arriba, la testa. Ese es todo el secreto — por fuera es pasta hilada, firme y elástica; por dentro es stracciatella, hebras de queso empapadas en crema. Partimos de leche cruda, que es la que da el sabor de verdad, y la pasteurizamos nosotros mismos en el fogón: 63 °C sostenidos media hora, ni más ni menos. Hacerla en casa no requiere equipo de quesería, pero sí dos cosas que no se pueden improvisar: un termómetro y paciencia con los tiempos. El punto exacto de acidez y temperatura es lo que decide si la cuajada se estira como chicle caliente o se rompe en grumos.

Rendimiento base
4 L de leche → 4–5 burratas de ~120 g
Tipo
Queso fresco de pasta hilada, relleno
Nivel
Avanzado — el hilado tiene su técnica
Pasteurización
63 °C sostenidos 30 min, en el fogón
Coagulación
32 °C, 10–15 min de reposo
Cocción de cuajada
41–42 °C
Maduración de acidez
1–3 h a temperatura ambiente
Agua de hilado
80–82 °C, salada a 20 g/L
Conservación
0–4 °C, en su líquido, 2–3 días

Origen

Puglia, sur de Italia. Nació como aprovechamiento de los recortes de mozzarella, no como producto de lujo — aunque hoy lo sea.

Textura

Doble: una funda de pasta hilada elástica y brillante, y un centro de hebras blandas empapadas en nata que se derrama al cortar.

Sabor

Lácteo, dulce y limpio, con un punto ácido muy leve. Es un queso que sabe a leche fresca — por eso partir de leche cruda buena se nota tanto.

Stracciatella

El relleno: tiras de pasta hilada desgarradas a mano y mezcladas con nata. Literalmente significa "desgarradita". Se vende sola, y es media receta.

La burrata no se inventó para presumir: se inventó para no tirar los recortes de la mozzarella. Lo mejor de la cocina italiana casi siempre empieza así.
Mise en place

Ingredientes

Partimos de leche cruda y la pasteurizamos nosotros en el fogón — es el primer paso de la receta, no un trámite opcional. La burrata es un queso fresco, húmedo y sin maduración: no hay ninguna etapa posterior que elimine patógenos, así que la pasteurización es la única barrera del proceso. La pasteurización lenta a 63 °C es suave y respeta la aptitud quesera de la leche, a diferencia de la industrial. Por eso mismo NO hace falta cloruro de calcio: eso solo se añade cuando se trabaja con leche de tienda homogeneizada. Y ojo con el agua del cuajo: debe ser sin cloro (filtrada o embotellada), porque el cloro del grifo lo inactiva.

Leche cruda de vaca entera (la pasteurizamos en el fogón)4 L100%
Zumo de limón colado130 ml3.25%
Cuajo líquido1.5 ml0.04%
Agua sin cloro (para diluir el cuajo)50 ml1.25%
Nata / crema de leche (mín. 35% MG)180 ml4.5%
Sal para el agua de hilado40 g20 g por litro
Sal fina para la stracciatella3 g0.075%
Proporción base

Los 130 ml de zumo de limón — unos 4 o 5 limones medianos, siempre colado — son la medida para 4 L de leche: llevan la cuajada al punto de acidez que permite el hilado. Cuélalo sin excepción, porque la pulpa deja grumos en la cuajada. La nata al 4,5% es lo que convierte unas hebras de queso en stracciatella de verdad: por debajo de eso el relleno queda seco y deja de derramarse.

Nota del charcutero

Valores por litro de leche: zumo de limón 33 ml, cuajo líquido 0,4 ml, nata 45 ml. Rendimiento aproximado: de 4 L de leche entera salen 450–550 g de pasta hilada, de los que unos 350 g van a las fundas y 100–150 g se desgarran para la stracciatella. El agua de hilado se sala a 20 g/L. Equivalencia útil si algún día quieres repetibilidad exacta lote a lote: esos 130 ml de limón aportan aproximadamente la misma acidez que 5 g de ácido cítrico.

Manos a la obra

Preparación

  1. 01

    Higieniza a fondo todo el equipo: olla, cuchillo largo, colador, cucharón y termómetro. Escáldalos con agua hirviendo y sécalos. En un queso fresco que no madura, la limpieza del primer minuto es la que se come al final.

  2. 02

    Pasteuriza la leche cruda en el fogón: llévala a 63 °C y sostén esa temperatura 30 minutos, removiendo de vez en cuando. Usa olla de fondo grueso o baño maría, y fuego bajo — si se pega al fondo, arruina el sabor de todo el lote.

  3. 03

    Enfría la leche rápido, con la olla dentro del fregadero lleno de agua y hielo, hasta bajar de 15 °C. Cuanto antes cruce la franja templada, mejor.

  4. 04

    Con la leche ya fría, incorpora el zumo de limón colado removiendo suavemente. Añadir el ácido en frío es lo que evita que la leche se corte en grumos: nunca al revés.

  5. 05

    Calienta lentamente hasta 32 °C, removiendo de vez en cuando. Sube despacio — un calentamiento brusco arruina la textura de la cuajada.

  6. 06

    Disuelve el cuajo en los 50 ml de agua sin cloro, incorpóralo a la leche y remueve con dos o tres movimientos suaves de arriba abajo. No más: a partir de aquí la leche debe quedar completamente quieta.

  7. 07

    Retira del fuego, tapa y deja reposar 10 a 15 minutos sin tocar ni mover la olla.

  8. 08

    Comprueba el punto: introduce el cuchillo en ángulo y levanta un poco. Si la cuajada se abre en un corte limpio y suelta suero transparente, está lista. Si aún se ve lechosa, dale 5 minutos más.

  9. 09

    Corta la cuajada en cubos de unos 2 cm con el cuchillo largo, en rejilla vertical y luego en diagonal. Deja reposar 5 minutos para que suelte suero.

  10. 10

    Calienta muy despacio hasta 41–42 °C removiendo con suavidad. Los cubos se contraen, se vuelven más firmes y el suero se aclara.

  11. 11

    Escurre la cuajada en un colador, reservando el suero caliente — te servirá para el hilado y para la ricotta.

  12. 12

    Deja reposar la cuajada escurrida entre 1 y 3 horas a temperatura ambiente para que termine de acidificar. Este es el paso que más se salta la gente, y el que más fallos causa.

  13. 13

    Haz la prueba de hilado: corta un trozo pequeño y sumérgelo en agua a 80 °C un minuto. Si se estira en una lámina brillante sin romperse, está listo. Si se rompe, deja reposar otros 30 minutos y vuelve a probar — nunca hiles el lote entero sin esta prueba.

  14. 14

    Calienta agua (o el suero reservado) a 80–82 °C y sálala a razón de 20 g por litro. Ponte guantes: a esa temperatura la cuajada quema de verdad.

  15. 15

    Sumerge porciones de cuajada 2 o 3 minutos, hasta que alcancen unos 57 °C internos, y estíralas y pliégalas sobre sí mismas hasta obtener una masa lisa y brillante. No amases de más: cada pliegue extra expulsa humedad y acerca el queso a la textura de goma.

  16. 16

    Aparta un tercio de la pasta hilada para el relleno. Estíralo en un cordón fino de un centímetro, enfríalo en agua fría y desgárralo a mano en hebras muy delgadas.

  17. 17

    Mezcla las hebras con la nata y la sal fina hasta que queden bien empapadas: eso es la stracciatella. Resérvala en frío mientras formas las fundas.

  18. 18

    Con el resto de la pasta, aún caliente y maleable, forma discos de unos 15 cm, más gruesos en el centro y finos en el borde. Trabaja rápido: si se enfría, deja de estirarse.

  19. 19

    Apoya el disco sobre la palma o dentro de un cuenco pequeño para formar una bolsa, rellena con la stracciatella sin excederte y cierra los bordes hacia arriba, sellando bien con los dedos. Si no sella, moja la unión un segundo en el agua caliente.

  20. 20

    Retuerce el sobrante de arriba para formar la testa, el nudito característico de la burrata. Además de ser su firma visual, es lo que garantiza que la bolsa quede cerrada.

  21. 21

    Sumerge las burratas en agua fría con hielo entre 10 y 15 minutos, hasta que la funda quede firme y brillante.

  22. 22

    Guárdalas en refrigeración a 0–4 °C sumergidas en su propio líquido (suero ligeramente salado o agua con sal), en recipiente tapado. Sácalas 20–30 minutos antes de servir.

El termómetro no es opcional

Los cuatro números que deciden la receta son 63 °C para pasteurizar, 32 °C para cuajar, 41–42 °C para cocer la cuajada y 80–82 °C para hilar. A ojo no se acierta, y un error de cinco grados se nota en el resultado.

Pasteurizar sin quemar la leche

Fuego bajo, olla de fondo grueso y removido frecuente. Si tienes dudas, hazlo a baño maría: tarda más, pero es imposible que se pegue al fondo.

Si no estira, no es culpa tuya: es la acidez

Cuando la cuajada se rompe en vez de estirarse, casi siempre le falta reposo. Dale otros 30 minutos y vuelve a probar el trocito antes de hilar todo.

Amasar de más la vuelve goma

La pasta hilada se trabaja solo hasta que está lisa. Cada pliegue de más expulsa grasa y humedad, y el queso pasa de tierno a chicloso sin punto de retorno.

El centro grueso, el borde fino

Las bolsas se rompen por dos motivos: se estiran demasiado o se rellenan demasiado. Deja el centro con cuerpo y no la llenes hasta arriba.

No tires el suero: hazte una ricotta

El suero que reservaste, calentado a 85–90 °C con un chorro de limón, suelta la ricotta que le queda dentro. Dos quesos de una misma olla de leche.

El punto final

Cocción y recomendaciones

Al natural, a temperatura ambiente

La forma correcta. Sácala del frío 20–30 minutos antes: en frío la grasa está cuajada y no se aprecia nada. Aceite de oliva, sal en escamas y pimienta.

Con tomate y albahaca

El clásico de Puglia. Tomate maduro de verdad, aceite bueno y poco más — la burrata es la protagonista.

Sobre pizza o pasta, fuera del horno

Siempre al final, con el plato ya servido. Si la horneas se derrite y pierde justo lo que la hace burrata.

Con embutido curado

Su dulzor láctico corta la grasa y la sal de un buen curado — la razón por la que aparece en tantas tablas.

  • Pasteuriza siempre la leche cruda en el fogón antes de empezar: 63 °C sostenidos 30 minutos. Es la única barrera sanitaria que tiene este queso.
  • Enfría la leche por debajo de 15 °C antes de añadir el limón, y calienta después — nunca al revés.
  • Cuela el zumo de limón: la pulpa deja grumos en la cuajada.
  • Diluye el cuajo en agua sin cloro; el cloro del grifo lo inactiva.
  • Haz siempre la prueba de hilado con un trocito antes de comprometer todo el lote.
  • Trabaja el hilado con guantes: el agua va a 80 °C y la cuajada retiene el calor.
  • Extrema la higiene al rellenar y formar: la stracciatella se manipula a mano después del calentamiento, así que cualquier contaminación en ese punto ya no se elimina.
  • Consúmela en 2–3 días como máximo, siempre refrigerada y sumergida en su líquido.

El resultado: una bolsita blanca y brillante, rematada por su testa, que al cortarla se abre y derrama hebras de queso bañadas en nata sobre el plato. Por fuera, la elasticidad de la mozzarella; por dentro, algo que está más cerca de la crema que del queso — y que ninguna burrata de supermercado con una semana de transporte a cuestas puede igualar.

De 4 litros de leche y una tarde de trabajo salen cinco burratas. La diferencia con la del súper no es el precio: es que esta se come el mismo día que se hizo.
Consejo de El Charcu